Publicado en

La instalación eléctrica en una reforma integral: decisiones que conviene tomar antes de cerrar paredes

Cuando se plantea una reforma integral, buena parte de las decisiones se concentran en aquello que será visible una vez terminada la obra: distribución, materiales, iluminación, mobiliario, revestimientos o carpinterías. Sin embargo, algunas de las decisiones que más condicionarán el funcionamiento futuro de la vivienda quedan ocultas detrás de paredes y falsos techos.

La instalación eléctrica es una de ellas. Pensar con antelación en los consumos previstos, la distribución de los circuitos, las protecciones y las posibles necesidades futuras puede evitar modificaciones costosas una vez finalizada la reforma.

Por eso, el proyecto eléctrico no debería abordarse como una simple reposición de enchufes e interruptores, sino como una parte más de la planificación global de la vivienda.

Diseñar pensando en cómo se utilizará realmente la casa

Una instalación eléctrica bien planteada comienza mucho antes de colocar mecanismos.

Conviene estudiar qué ocurrirá en cada estancia y qué equipos necesitarán alimentación. La cocina es uno de los ejemplos más evidentes, ya que concentra horno, placa de cocción, frigorífico, lavavajillas, pequeños electrodomésticos y, en algunos casos, otros sistemas eléctricos.

Pero no es la única zona que ha cambiado.

El teletrabajo ha convertido habitaciones y salones en espacios donde pueden coincidir ordenadores, monitores, routers y otros equipos. La climatización gana peso, mientras que la domótica, los sistemas de seguridad y los dispositivos conectados añaden nuevas necesidades.

Pensar únicamente en los consumos actuales puede hacer que una instalación recién reformada empiece a quedarse corta mucho antes de lo esperado.

El cuadro eléctrico también forma parte del proyecto

Durante una reforma integral se presta mucha atención a la ubicación de luminarias y enchufes, pero el cuadro eléctrico suele recibir menos protagonismo.

Sin embargo, es uno de los elementos fundamentales de la instalación.

En él se concentran las protecciones de los diferentes circuitos, por lo que su diseño debe responder a cómo se ha distribuido eléctricamente la vivienda y a las cargas previstas.

También resulta conveniente prever espacio suficiente para futuras ampliaciones. Si dentro de unos años se incorpora un nuevo sistema de climatización, una solución domótica o un punto de recarga, disponer de cierto margen puede simplificar considerablemente la intervención.

No se trata de instalar componentes innecesarios, sino de evitar diseñar un cuadro sin capacidad para evolucionar.

Las sobretensiones también deben contemplarse

Cuando se habla de protección eléctrica doméstica es habitual pensar primero en diferenciales y magnetotérmicos. Sin embargo, existen otras situaciones que también deben tenerse en cuenta durante el diseño de la instalación.

Una de ellas son las sobretensiones, es decir, aumentos de tensión que pueden afectar a los equipos conectados.

En una vivienda actual el número de dispositivos electrónicos es considerable: televisores, ordenadores, electrodomésticos con placas electrónicas, sistemas de climatización, routers, automatismos y equipos domóticos forman parte del uso cotidiano.

Por eso, la protección frente a determinadas sobretensiones adquiere una importancia mayor a medida que aumenta la cantidad y el valor de la electrónica instalada en el hogar.

Diferentes protecciones para diferentes problemas

No todos los dispositivos instalados en un cuadro cumplen la misma función y, por tanto, no deberían entenderse como elementos intercambiables.

El diferencial responde ante determinadas fugas de corriente. Los magnetotérmicos protegen los circuitos frente a sobrecargas y cortocircuitos. Los sistemas destinados a sobretensiones tienen otra misión: limitar los efectos que determinados aumentos de tensión pueden tener sobre la instalación y los equipos conectados.

En el mercado existen distintos fabricantes especializados en protección y distribución eléctrica. Schneider Electric es uno de los fabricantes presentes tanto en proyectos residenciales como en instalaciones profesionales, con diferentes familias de dispositivos destinadas a cuadros eléctricos.

Al valorar un protector de sobretensiones Schneider, por ejemplo, no basta con elegir un modelo por la marca o por su aspecto exterior. Es necesario comprobar qué tipo de protección ofrece, sus características eléctricas y si corresponde a las necesidades concretas del proyecto.

Esta misma lógica debería aplicarse al resto de componentes del cuadro.

Sobretensiones permanentes y transitorias

Dentro de este ámbito conviene diferenciar dos conceptos que pueden resultar similares para quien no trabaja habitualmente con instalaciones eléctricas.

Las sobretensiones transitorias son incrementos de tensión muy breves. Pueden aparecer, por ejemplo, asociados a determinados fenómenos eléctricos y producir picos de elevada intensidad durante un intervalo muy corto.

Las sobretensiones permanentes responden a situaciones diferentes y pueden mantener una tensión superior a la prevista durante más tiempo.

La solución adecuada depende de las características de la instalación y del tipo de riesgo que deba contemplarse. Por eso resulta importante que la protección eléctrica se defina dentro del proyecto y no se limite a añadir dispositivos posteriormente sin estudiar cómo deben coordinarse.

Una reforma es el momento adecuado para revisar instalaciones antiguas

En viviendas con varias décadas de antigüedad resulta especialmente importante comprobar qué existe detrás de paredes y mecanismos.

Una instalación puede haber sufrido modificaciones parciales a lo largo de los años. Se añaden enchufes, se sustituyen algunos elementos, se incorporan electrodomésticos más potentes o se amplían determinadas zonas sin que necesariamente se haya revisado el conjunto.

Cuando comienza una reforma integral aparece una oportunidad difícil de repetir.

Con paredes abiertas y acabados todavía pendientes es mucho más sencillo renovar líneas, redistribuir circuitos o modificar el cuadro que hacerlo una vez terminada la vivienda.

Ahorrar en estas partidas para descubrir poco después que la instalación no responde a las nuevas necesidades puede acabar resultando mucho más costoso.

La ubicación de los enchufes debería decidirse junto al mobiliario

Una instalación eléctrica funcional también depende de decisiones aparentemente menores.

La posición de un sofá determina dónde puede tener sentido disponer de enchufes auxiliares. La ubicación del escritorio condiciona las tomas necesarias para trabajar. La distribución de la cocina establece dónde se conectarán los diferentes electrodomésticos.

Por eso resulta recomendable coordinar el proyecto eléctrico con el diseño interior desde las primeras fases.

Instalar numerosos enchufes no garantiza por sí mismo una vivienda bien resuelta. Lo importante es que aparezcan donde realmente se necesitarán y que los circuitos estén diseñados para los usos previstos.

Lo mismo ocurre con la iluminación. Pensar previamente en escenas, recorridos y necesidades de cada estancia permite decidir los puntos de luz y los sistemas de control con mayor coherencia.

Aerotermia, vehículo eléctrico y nuevos consumos

Una de las razones para proyectar con cierta visión de futuro es la progresiva electrificación de las viviendas.

Sistemas de aerotermia, bombas de calor o puntos de recarga para vehículos eléctricos pueden introducir cargas importantes que quizá no existían cuando se diseñó originalmente el inmueble.

Aunque no vayan a instalarse durante la reforma actual, conocer estas posibilidades permite tomar decisiones que faciliten una futura adaptación.

Puede resultar interesante prever canalizaciones, espacio disponible en el cuadro o recorridos que eviten tener que intervenir de nuevo sobre acabados recién ejecutados.

La planificación arquitectónica tiene precisamente esa ventaja: permite anticipar necesidades antes de que se conviertan en problemas de obra.

Más tecnología significa también más equipos sensibles

Una vivienda contemporánea puede concentrar una cantidad considerable de electrónica sin que seamos plenamente conscientes de ello.

Incluso electrodomésticos que tradicionalmente eran principalmente mecánicos incorporan actualmente placas de control, sensores y sistemas electrónicos.

A ellos se suman televisores, ordenadores, equipos de sonido, sistemas de videovigilancia, routers, automatización de persianas o dispositivos inteligentes.

Esto cambia la manera en la que debe entenderse la instalación eléctrica. Ya no se trata únicamente de conseguir que llegue corriente a cada estancia, sino de diseñar una infraestructura capaz de alimentar y proteger correctamente un número creciente de equipos.

La estética empieza donde termina una buena planificación técnica

Uno de los objetivos de cualquier reforma es conseguir espacios visualmente limpios y coherentes.

Paradójicamente, para lograrlo resulta fundamental haber resuelto correctamente todo aquello que posteriormente quedará oculto.

Una instalación mal planificada acaba traduciéndose en regletas, cables visibles, adaptadores o nuevas obras para incorporar puntos eléctricos que no se previeron.

En cambio, integrar desde el proyecto la electricidad, la iluminación, las telecomunicaciones y las futuras necesidades tecnológicas permite que estas instalaciones desaparezcan visualmente y simplemente funcionen.

Ese debería ser uno de los objetivos de una buena reforma: que la tecnología esté disponible cuando se necesita sin convertirse en protagonista del espacio.

Coordinar arquitectura e instalaciones desde el principio

La distribución de una vivienda, sus sistemas de climatización, la iluminación y la instalación eléctrica están mucho más relacionados de lo que puede parecer.

Por eso, las decisiones técnicas funcionan mejor cuando se toman de manera coordinada.

Modificar una distribución puede alterar los circuitos necesarios. Cambiar la posición de una cocina modifica los consumos de esa zona. Incorporar aerotermia o climatización puede exigir nuevas previsiones eléctricas.

Cuanto antes se definan estas cuestiones dentro del proyecto, menor será la necesidad de improvisar durante la obra.

Además, cualquier intervención sobre cuadros, circuitos o protecciones eléctricas debe realizarse por profesionales cualificados, que puedan dimensionar y ejecutar la instalación de acuerdo con las características reales del inmueble.

Una reforma integral no consiste únicamente en transformar cómo se ve una vivienda. También es una oportunidad para actualizar aquello que permitirá utilizarla con comodidad y seguridad durante muchos años.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *